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La importancia de retomar los viajes de negocios

La realidad se impone: necesitamos retomar el contacto. Y con la situación sanitaria bajo control, todos los organismos y asociaciones del sector están de acuerdo: los viajes de negocios y las reuniones presenciales aportan un valor esencial. Numerosos estudios avalan la afirmación. Y no solo por una cuestión psicosocial que afecta al comportamiento. Un informe reciente publicado por Harvard señala el gran impacto en términos de incremento de productividad y de empleo de las industrias y actividades económicas gracias a las relaciones que se establecen entre los mercados y los países a través de los viajes corporativos.

Año 2019. Las nuevas tecnologías nos hacen la vida fácil y la digitalización de los procesos nos ahorran tiempo y energía. La era de la comunicación rápida y ágil facilita las relaciones interprofesionales y las empresas se suben al carro de todo aquello que pueda gestionarse a través de un ordenador, móvil o tablet. Nos gusta reunirnos a través de las pantallas de nuestros ordenadores y nos sentimos cómodos en la celeridad de las gestiones. Lo que hace apenas dos décadas aparecía solo en películas futuristas es una realidad en la que nos instalamos para solventar nuestro día a día. La evolución es constante y nos adaptamos bien. Sin embargo, los viajes de negocios son un motor generador de contactos al que nadie renuncia. Se optimiza la movilidad corporativa y se mantiene como un recurso empresarial imprescindible.

Año 2021. Las mismas nuevas tecnologías cobran especial protagonismo. La pandemia obliga a recurrir a ellas para enfrentarnos a nuestras labores profesionales y permanecer conectados. Quienes aún no estaban acostumbrados a usarlas con agilidad o incluso desconocían la multitud de herramientas tecnológicas a nuestra disposición, se ven forzados a aprender rápidamente su uso y a implementarlo en sus rutinas de trabajo para salir adelante. La hiperconexión digital se instala en nuestras vidas de forma abrupta para algunos, más natural para otros, acostumbrados a las distancias. Pero lo que antes era una opción se convierte en obligación. La falta de contacto comienza a hacer mella en el ánimo y la productividad se ve afectada en ocasiones. 

Teletrabajo y presencialidad: en busca del equilibrio

Un año. Solo un año ha pasado entre una realidad y otra, y los efectos de la ausencia de presencialidad empiezan a alterar comportamientos y relaciones. Lo que antes era una preocupación en algunas empresas –por algo tan nimio como que “los trabajadores pierden mucho tiempo tomándose un café en el vending…”–, ahora es una rutina que descubren imprescindible para el ánimo. También las videoconferencias, igual de pragmáticas y resolutivas que antes, comienzan a presentarse frías y carentes de emociones cuando se alargan y se sostienen en el tiempo y se presentan como la única opción. Los emails, fundamentales en la comunicación profesional, dejan al descubierto que el lenguaje escrito puede ser malinterpretado cuando no se expresan los mensajes correctamente. El teléfono móvil nos estresa. No importa quién llame o escriba. La vida laboral, en definitiva, se ha vuelto un poco hostil. 

Muchos trabajadores lo detectaron a las pocas semanas. Algunos directivos, que al final son los que marcan el ritmo, también. Y elevaron la voz para reivindicar la importancia de verse, de reunirse y de mantener un contacto real en cuanto la situación lo hiciera posible. La digitalización debe combinarse con la humanización de los recursos, y para ello es necesario encontrar el equilibrio perfecto entre el teletrabajo y la presencialidad. La cultura del trabajo ha cambiado y la pandemia ha presentado nuevos retos. Las jornadas en remoto se han revelado eficaces y, sin duda abaratan costes, pero su impacto en las personas no siempre es bueno. No, al menos, para todos.

Al margen de la idiosincrasia de cada empresa y de las particularidades de la vida personal de cada trabajador, es un hecho que necesitamos trabajar en equipo, dar y recibir calor humano y desarrollar el sentimiento de pertenencia a través del contacto directo. 

Las reuniones de trabajo son necesarias.

“Teletrabajo: sensación epidérmica de un empresario por la cual nota, sin prueba alguna, que media plantilla está viendo Netflix a las once de la mañana”. Así definía el teletrabajo un diccionario satírico creado por El diario.es durante la pandemia tras comprobar el caos léxico que estaba dificultando la comunicación entre las administraciones y la ciudadanía.
 
Sátiras aparte, fue precisamente el CEO de Netflix, Reed Hasting, uno de los primeros en defender que el teletrabajo debía dejar espacio también a las fórmulas de siempre. “No poder hacer reuniones en persona, especialmente con ejecutivos internacionales, es muy negativo”, aseguró pocos meses después de estallar la pandemia. Hasting, como muchos otros, comprobaron que aquello que en ese momento nos faltaba era más importante de lo que imaginábamos: desde los viajes de negocios hasta los corrillos en los pasillos, los cafés compartidos y el contacto natural en las reuniones u oficinas, porque son siempre una fuente de buena energía y creatividad que redunda en la productividad de las empresas. 

También un estudio llevado a cabo por Gebta en colaboración con Iberia confirma que la práctica totalidad de los viajeros de negocios saben que el cumplimiento de sus objetivos empresariales no sería posible sin esos viajes. Y aunque la reducción del volumen se presumía inevitable en este nuevo escenario postCovid, la realidad es que el 63,4% de los viajeros consideran estos traslados imprescindibles para la consecución de los objetivos. La movilidad corporativa genera negocio. Y estamos listos para retomarla.